En los momentos previos a la charla, Sebastián se muestra extrovertido, inquieto y de buen humor. Minutos después, el grabador se enciende y la tranquilidad lo invade. Pensante y seguro en sus respuestas, el joven relata su historia con estados emocionales cambiantes. Lógicamente, como sucede cada vez que se dialoga con un artista, la primera intriga surge en pensar sus inicios, sus primeros aprendizajes y sus influencias.
Los comienzos de Sebastián resultan muy anecdóticos. “Todo nace con mi rebeldía de niño. Yo me portaba mal y mi abuela, que practicaba el arte de la pintura, en lugar de retarme o mandarme a un rincón, me sentaba a dibujar. Como era un castigo me desagradaba hacerlo, porque no sabía que hacer, que dibujar o pintar. Entonces mi abuela se acercaba y me daba una pauta o una consigna y en base a eso yo tenía que desarrollar algo. Después ella venía, lo corregía y me mostraba como mejorar el dibujo con colores, trazos y sombras. A partir de eso me empieza a interesar las técnicas que se podían emplear, por qué cada color, por qué los formatos, las gamas”, recuerda el artista.
A partir de entonces, un proceso de aprendizajes y descubrimientos fueron moldeando a Sebastián en el mundo de las pinturas y los pinceles. Primero sobre una hoja pequeña, después una más grande, más tarde un cuadro hecho en lienzo, hasta que las inquietudes del creciente artista buscaron mayores desafíos. “De a poco me aburrió hacer trabajos sentado. Cuando viajaba o caminaba por la calle observaba graffitis y pinturas gigantes en paredes y me llamó la atención, me gustó ver esos trabajos. Entonces pensé: el papel esta bueno, pero mejor estaría plasmar un diseño en la calle, donde toda la gente lo pueda ver. Veía en todos lados pinturas con la palabra Dress, en cromos, en colores y me intrigó conocer quién y cómo lo hacía. Finalmente lo contacté a Andrés Bay, el autor de estos graffitis, quien me enseñó algunas de las técnicas para murales”, comentó Sebastián, que además señala la figura del alemán Daim -un artista graffitero que trabaja formas en 3D- como uno de sus referentes.
Decidido a transitar el camino artístico del muralismo, Sebastián realizó cerca de su hogar su primer trabajo en altas dimensiones. “Mi primer mural fue a la vuelta de mi casa. Plasmé colores primarios, figuras sencillas, empecé con algo básico, que sea de fácil comprensión. Desde un principio me intereso que la gente pueda ver y comprender mis obras”, comenta el artista y luego deja entrever la esencia que impulsa sus obras. “Siempre pensé que lo mío tenía mucho que ver con lo social, trato de buscar lugares especiales, en zonas de emergencia social. Me interesa que los chicos vean el trabajo que se está haciendo y con que uno de ellos vea lo que es la pintura, lo que se pueda hacer con ella para desengancharse de lo que ve todos los días, esta buenísimo. Es un poco compartir lo que yo viví en su momento con el artista alemán, creo que eso es lo que más nace de mi”, enfatiza.
Las paredes limpias no dicen nada
“Soy de Almirante Brown y siempre viví en la zona sur. Busqué dentro de los partidos la mejor gestión y empecé a observar cambios importantes en todas las localidades del distrito. Decidí presentarle a la municipalidad un proyecto de mecenazgo -concepto que apunta a la idea de participación social en la conservación y el enriquecimiento del patrimonio comunal- para volcar mis trabajos en las paredes de Brown. Tuve una entrevista con el secretario de Producción y Desarrollo, Diego Fernández Garrido, le gustó la idea y a partir de entonces comenzamos a encararlo en conjunto, teniendo como consigna cuidar y embellecer el espacio público”, relata Sebastián, cuando se lo consulta por su vinculo con el municipio.
El acuerdo derivó en los murales que actualmente visten Almirante Brown con diseños, colores y figuras artísticas. El rostro de Gardel y Sandro son conocidos popularmente entre los vecinos que admiran y conservan estas obras. Incluso, el mural del “Gitano” convocó a cientos de admiradores que transformaron el espacio en un “santuario” adornado con velas, imágenes santas, fotos y cartas al pie de la pintura. Según comenta Sebastián, la elección de estos artistas se basa en que “ellos nos brindaron arte y cultura, y nosotros queremos homenajearlos aplicando la misma fórmula pero expresada en una pintura con sus rostros”. La próxima figura que se prevé pintar en alguna pared de Brown, también tiene un fundamento valorativo. “Queremos hacer un mural de Diego Maradona, porque creemos que fue un gran deportista que demostró que cuando uno quiere y se esfuerza puede llegar a los más alto, sin importar que seas pobre o tengas bajos recursos”, adelantó Sebastián a Diario Brown.
“Las paredes limpias no dicen nada” es el nombre del proyecto de mecenazgo que el artista presentó a la Municipalidad. “Me pareció que era el mejor nombre que le podía poner, ya que una pintura plasmada en una pared puede expresar muchas cosas interesantes. Una pared vacía, aunque esté limpia, no dice nada. Es como una hoja en blanco. En cambio, una pintura, un dibujo, esconde lo que uno siente, lo que uno quiere transmitir y expresar. Por más que esté marcada la pauta o la consigna, creo que cada uno de nosotros tiene algo especial que transmite no sólo en el arte que ejecuta, sino también en la ropa, en los gestos o en el pelo, y cuando la gente se para a observar la pintura siente y comprende lo que uno le transmitió al momento de realizarla. Eso es algo muy satisfactorio para cualquier artista”, declara el joven muralista.
La secretaría de Producción y Desarrollo que conduce Diego Fernández Garrido, planea continuar con la realización de estas pinturas gigantes que embellecen el distrito con un toque alegre y colorido. Por su tamaño, diseño y colores, los murales generan un impacto visual casi imposible de ignorar. Más aún si esa pared contiene el rostro de un artista emblemático como Gardel o Sandro. La sola presencia de colores fuertes y brillantes genera la atención de automovilistas y transeúntes. Funcionarios, artistas y comunidad se unen para dar lugar a una actividad que empapa de color y brillo al distrito, dándole un distintivo marco cultural al paisaje urbano de Brown.